Adolf Loos y el lugar de ensueño de Villa Müller
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Cuando pensamos en Praga, seguramente nos vienen a la mente bellos edificios, diseños arquitectónicos clásicos, profusión en la decoración, y es que esta ciudad atesora, desde construcciones medievales y góticas, hasta palacios e iglesias renacentistas y de los siglos XVII y XVIII, pero quizá nunca te esperarías un conjunto como Villa Müller, considerada una obra de arte de la arquitectura moderna, el mejor ejemplo de cómo concebía el arquitecto austriaco Adolf Loos que debía distribuirse el espacio habitacional.

Y es que este edificio por fuera es un cubo con una aparente distribución asimétrica de sus ventanas, pero por dentro tiene una ambientación muy rica, por lo cual en su tiempo fue criticado por los expertos al considerarlo alejado del movimiento modernista, pero que a medida como ha pasado el tiempo ha demostrado su real valía y hoy, contrario a esa primera opinión, se le clasifica como un auténtico referente de la arquitectura contemporánea. (Por cierto, si ya decidiste vacacionar en Praga, no te pierdas este tour)

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Austera por fuera, bella y funcional por dentro

Esto se debe al concepto que tenía Adolf Loos y que aplicó en esta villa que le encargó el empresario checo Dr. Frantisĕk Müller y su esposa Milada, éste era propietario de una empresa de construcción pionera en el uso del hormigón armado, material que debía tener relevancia en esta obra, así que Loos ahí aplicó su concepto denominado ‘Rauplan’: para el arquitecto austriaco era muy importante la separación del espacio ‘público externo’, del ‘privado interno’: “El edificio deber ser tonto por fuera y sólo revelar la riqueza en el interior”, pensaba, contrario a tendencias como la que impulsaba Frank Lloyd Wright, que buscaban una transición ordenada del interior hacia el exterior.

De esta manera, cuando tú ves la Villa Müller por fuera quizá aprecies un bloque sin chiste, e incluso más allá, podrías pensar que está mal planeada, al ver la aparente distribución desordenada de sus puertas y ventanas, pero es que –según pensaba el arquitecto– la profusión de ornamentos y el acento en los decorados era algo que no ayudaba en nada a la funcionalidad de un inmueble; en cambio, en los interiores era donde sí se debería trabajar, sobre todo de acuerdo con las funciones y los gustos de quien habitaría ese espacio, para hacerlo ameno y útil a él.

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Un completo contraste

Debido a tales conceptos Adolf Loos es considerado uno de los pilares de la arquitectura moderna, y es que, imagínate ese minimalismo contrastando con la riqueza ornamental de las construcciones de la hoy capital checa, como el Castillo de Praga, con su Catedral de San Vito, o Stare Mesto, la Ciudad Vieja, con sus edificios medievales, pues Loos pensaba que los edificios sólo debían ser agradables a la vista si ello contribuía a que fueran funcionales, de lo contrario, esto no tenía sentido. El creador pensaba que el uso del diseño y el ornamento eran algo infantil y atrasado.

En cambio, si tienes la oportunidad de ver los interiores, entonces te darás cuenta de que se utilizaron ricos materiales, como piedra travertina en el exterior de la entrada, azulejos verdes en el vestíbulo, mármol cipollino en el salón, madera de caoba en el comedor, baldosas de Delft en la biblioteca, o bien madera de limonero para el gabinete de la señora; es decir, para nada era una decoración austera.

Símbolo de los tiempos

Eso sí, Villa Müller es un reflejo de que los tiempos estaban cambiando en Europa, el propio inmueble vivió en carne propia esos cambios, pues después de ser residencia de la familia Müller, al final de la Segunda Guerra Mundial y cuando la entonces Checoslovaquia pasó a formar parte de la esfera de la Unión Soviética, el inmueble se nacionalizó, y a la muerte de Frantisĕk Müller, su viuda fue recluida en un apartamento dentro de la misma villa, mientras que el resto se convirtió en oficinas de gobierno; paradójicamente, este hecho, en lugar de alterar o acabar con el inmueble, le permitió sobrevivir en un estado inmejorable.

Lo bueno es que a la caída del régimen comunista, Villa Müller fue devuelta a la familia, concretamente a la hija del empresario, que de inmediato la puso en venta; por fortuna, una campaña en medios, así como la intervención del Ayuntamiento de Praga y de activistas extranjeros evitaron su compra y la villa pasó a ser adquirida por la ciudad, para que en 1995 fuera proclamada Monumento Cultural Nacional. Hoy, gracias a un remozamiento integral que se realizó en el periodo 1998-2000, Villa Müller se abrió al público como sala de exposiciones y como el Centro de Estudio y Documentación Adolf Loos, por lo que después de realizar un tour por la capital de la República Checa, el cual está a tu disposición en este paseo, tal vez sea la oportunidad de conocerla, así tendrás ocasión de contrastar esos estilos arquitectónicos opuestos.

¡No te la pierdas!

 

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Adolf Loos y el lugar de ensueño de Villa Müller
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Adolf Loos y el lugar de ensueño de Villa Müller
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Villa Müller el mejor ejemplo de cómo concebía el arquitecto austriaco Adolf Loos que debía distribuirse el espacio habitacional.
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